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La cocina de Desde abajo

  • Foto del escritor: Ezequiel Dellutri
    Ezequiel Dellutri
  • 2 mar
  • 2 Min. de lectura

Un texto sobre cómo se construyó este libro-álbum: la escritura, el punto de vista y el trabajo con la imagen.


Desde abajo es un libro-álbum. Eso significa que la historia está contada en partes iguales por palabras e imágenes. Por eso, el trabajo de ilustración es tan importante como el texto. En este caso, las ilustraciones de Alberto Pez no acompañan: construyen sentido, amplían la lectura y le dan al libro una profundidad que no habría sido posible solo con palabras.


La historia nos invita a compartir una mañana con un protagonista muy particular. Es bajito, y esa condición hace que vea la vida de otro modo. Como todo, tiene ventajas y desventajas. Pero lo que más me interesaba no era explicar esa diferencia, sino habitarla: contar el mundo desde ese punto de vista.


El libro propone un recorrido cotidiano. Acompañamos al personaje desde que se despierta hasta que llega al trabajo. Es un trayecto simple, reconocible, pero narrado desde una perspectiva que nos obliga a mirar la realidad de otra manera. Avanzamos con él, a su ritmo, desde su altura, y eso modifica lo que vemos.


El texto está escrito como un poema. Trabajé mucho con la repetición y la cadencia. Fue un proceso largo de corrección, revisión y pruebas hasta encontrar las palabras justas. No buscaba adornar, sino ajustar: que cada frase tuviera el peso necesario para sostener la lectura sin explicitar de más.


Es un texto breve, pensado para primeros lectores. Y eso fue, para mí, un verdadero desafío. Nunca había escrito para este público. No quería subestimarlo ni simplificar lo que entiendo por literatura, sino transmitir, con pocas palabras, una experiencia de lectura plena.


El humor también tenía que estar presente, pero no desde el gag exagerado o el chiste evidente. Me interesaba una diversión más sutil, nacida de una cotidianeidad distinta a la propia. Que lo diferente resultara atractivo, que la sorpresa surgiera del contraste y no de la burla.


En un primer momento, el libro era apenas un texto. Pero cuando vi las ilustraciones, todo cambió. El nivel de detalle, la estética y la construcción del mundo visual llevaron la historia a otro lugar. No es una ilustración habitual para un libro infantil: propone una mirada más amplia, más compleja, que invita a detenerse.


Las imágenes abren una lectura que incluso puede ir más allá del texto. Hay un universo que se despliega en cada página y que se puede recorrer una y otra vez. Por eso pienso este libro como un objeto para volver, para gastar, para descubrir algo nuevo en cada lectura.


 
 
 

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